Yo, Emma

Lucía imparte una conferencia sobre Emma (la protagonista de Mme. Bovary). Habla sobre la libertad, sobre los prejuicios, sobre la vida que quisiéramos llevar, sobre la vida que no llevamos, sobre el tiempo que pasa, sobre lo que no te llevarás a la tumba y sobre lo que te llevarás: el deseo incumplido. Vive con su marido sumida en una relación sin presente, acabada.

Un buen día, en una curva inesperada del tiempo que pasa, tuvo un romance de apenas uno o dos días, siguiendo un impulso, en cuya maleta cargaba tantos años de anhelos incumplidos, reprimidos. 

Sucedió con un alumno suyo, mayor de edad. La fatalidad quiso que una grabación de dicho encuentro fuera viralizada en internet. Lucía, profesora de una universidad privada, es expulsada de la misma bajo la excusa de haber perdido la capacidad de evaluar objetivamente a sus alumnos.

En el juicio en el que se intenta encontrar al culpable de que el video se compartiera entre los alumnos de dicha universidad, se hablará de las “intenciones indirectas” de Lucía en sus conferencias , incitando a una sexualidad libre en un lugar y momento que no corresponden a su magisterio. Será, por otro lado, presentada como víctima de un muchacho , su amante, narcisista y manipulador.

Lucía abandonará su matrimonio y se refugiará en su casa materna inhabitada desde la muerte de su madre. Refugiada en la biblioteca de su infancia, condenada a ser objeto de juicio público tras ver publicado su caso en los medios de comunicación y, finalmente, abandonada por su marido, intentará rehacer su vida.

Los autores

Por nuestras cabezas circularon un sinfín de referencias a mujeres protagonistas de eminentes relatos de la cinematografía o de la literatura universal.

En nuestro imaginario conversaron la Jasmine de Woody Allen, la Emma de Flaubert , la Blanche de Tennessee Williams , la Laura Jesson de David Lean…todas ellas marcadas por la fatalidad, por la fuerza inexorable del destino que ,elegido o no, quebró su espíritu, condenándolas a perderse en su bruma. 

Nosotros quisimos, con nuestra Emma, contar una historia en la que nuestra mujer nunca doblara las rodillas, por más que las circunstancias, la vida o cualquier empujón la obligara.

Condenada en plaza pública, abandonada por sus compañeros, olvidada por su marido…Emma permanece, no sin esfuerzo, de pie, aferrándose a su integridad, a la firmeza de quien sabe que su fortaleza está en sentirse libre por encima de cualquier otra circunstancia. 

En ese viaje, no exento de romanticismo y guiado por su amor por la literatura y los libros, una amiga de infancia, Berta, será su mejor y casi única aliada. Florecerá, esperamos, algo tan femenino como la ayuda sin precio, la verdadera comprensión, la escucha, el acompañamiento, el amor por amor…la generosidad , que será construida recíprocamente.

Hemos pretendido, ojalá lo consigamos, vengarnos de aquellas historias con las que encabezamos estas líneas. Haciendo que nuestra o nuestras protagonistas se eleven sobre la fatalidad y consigan ganar ese pulso. Sin ser heroínas, sin ser nunca víctimas, sin finales con perdices…sino elevando el alma de Emma, de ambas, al reconfortante estado de plenitud que solo se consigue en la soledad de nuestro interior al que ambas se acercaron, eso sí, juntas.


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