Una noche de terapia
ACTO 1 LA CONFERENCIANTE
Una conferenciante, en presencia de un pianista, se dirige al público, estableciendo que todo —la música, la pintura, el amor— se rige por precisas fórmulas matemáticas en las que no cabe la excepción… hasta que ésta, sorpresivamente, ocurre.
ACTO 2 EL PIANISTA
Sorprendido por el transcurso de los acontecimientos, se dirige al público intentando justificarse; es su pareja y está aludido, mostrando su incapacidad para atenerse estrictamente a las reglas que la conferenciante ha expuesto. Chejoviano, trata de explicar y explicarse todo lo que le ha ocurrido, incluso recurriendo a determinadas fórmulas matemáticas. Con poco éxito.
ACTO 3 LA TERAPIA
Ambos personajes, la conferenciante y el pianista, son enviados por un psicólogo para confrontar sus problemas con una pareja de lesbianas, también clientes del mismo psicólogo. Creyéndose en posesión de la verdad, el conferenciante y el pianista suponen que han sido enviados para dar una clase magistral sobre lo que ellos entienden y se consideran pareja perfecta; las tornas se darán la vuelta ante la confrontación con dos jóvenes aviesas, lúcidas y sorprendentes, personajes que marcarán el devenir de nuestra historia.
ACTO 4 LA NUEVA ERA
Tras la catarsis de la escena anterior, nuevas teorías iluminarán las relaciones entre los cuatro personajes de nuestra historia. Hasta el mismo papa Francisco se hizo eco de estas nuevas perspectivas. Discutan cuanto quieran, pero no se lo lleven a la cama, arréglense antes.
El autor
¿Quién me iba a decir que, al intentar escribir un sencillo juguete cómico, con la simple intención de buscar una sonrisa en el espectador, acabaría sumergido inconscientemente en un universo, para mí hasta entonces desconocido, que atañe a las nuevas perspectivas que, en psicología, tratan y abordan las relaciones humanas y, en particular, las de pareja?
La entropía, la teoría del caos, las matemáticas, la importancia de las discusiones en una pareja eran para mí simples vehículos para abordar el humor desde una perspectiva hilarante, bebiendo en las fuentes del absurdo.
Hicimos una lectura dramatizada en presencia de un buen número de amigos de esta profesión y de un eminente psicólogo. Cuál no sería mi sorpresa al recibir que, tras esta comedia, se escondían lo que hoy en día son novedosas teorías y enfoques que intentan explicar el siempre complicado universo de las relaciones humanas.
No hay mejor instrumento que el humor para vehiculizar cualquier mensaje que se quisiera transmitir. Si lo hemos logrado, habremos construido una hermosa pieza teatral.
“Te reirás, pero yo me lo tomaría en serio”, fue mi conclusión en esta terapia autoinfligida. Espero que a ustedes les pase lo mismo.
Roberto Álvarez